jueves 1 de junio de 2006

Crónicas de una muerte anunciada


Siempre supe que beber en exceso podría traer consecuencias tragicómicas para los demás.. más trágicas para mí.. más cómicas para mis enemiguis.. pues para que andamos con cosas si cuando vemos que al que le tenemos el coágulo en el iris cae en el pecado nos causa gracia y hasta un pequeño saborcito agradable en nuestros finos paladares.. (creo que acabo de inventar la palabra paladares, entiendase como paladar en plural).
Pues bien, retomando mi principal inquietud a la hora de sentarme y echar a correr mis hábiles y delicados deditos sobre esta superficie tan peculiar llamada teclado: que acertado es aquel dicho criollo.. dime con quien andas y te diré quien eres, en este caso dime con quien andas y te diré si llegas sobrio. Pues si, es esto lo que me decía mi beata madre cada vez que me disponía a salir con mi buen camarada Mariano Peña.
Ahora que Mariano no era un mal cabro, al contrario; bueno, de que se tomaba sus copetes diarios.. si, se los tomaba. De que se fumaba sus verdes de cuando en vez; bueno si, se los fumaba... pero era buen cabro. Bueno para la rayuela corta eso si el infeliz, pero bueno de adentro.. con un corazón de oro, y su desenlace no podría haber sido otro.
Solo a Peñita se le ocurren estas cosas.. (pero miren el apodo; peñita; si hasta su apodo alude a jarana). Iba yo muy cómodo y angelical sentado en el puesto del copiloto cuando al pasar por villa alegre, aquel peculiar pueblo de la séptima región, tierra huasa de hombres indómitos y tostados por los rayos furiosos del sol, nos sorprendimos al ver aquellos enormes contenedores que más bien parecían grandes torres que por cierto albergaban el manjar que Peñita no cesaba de saborear; el vino.
No conforme con solo observar este espectáculo, Peñita con determinación se dirigió en una frenética carrera hacia aquel contenedor, comenzó a subir por las endebles escaleras con un balde en su mano izquierda, mientras aceleraba la escalinata pues supongo su cavidad bucal no resistía aquel salivar provocado por el fermentado.
Al llegar arriba, Peñita, según mis hipótesis plantean, tiene que haber entrado en coma etílico, o bien en un ensueño del cual ni la luz del túnel pudo sacarlo.. pues no alcanzó ni a estirar el brazo para abalanzar el balde, cuando su cuerpo entero se encontraba sumergido en mareas de tinto..
y sí.. murió en su ley
Ahogado en copete el infeliz. que me dicen, si nadie cuenta una de esas, y Peña tampoco .. a menos que resucite ese pobre humano, digamos que por lo pronto somos mensajeros amigos los que nos encargaremos de perpetuar esta peculiar forma de culminar los días.. y vaya que lo es..